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Historia desconocida del descubrimiento de América. En busca de la Nueva Ruta de la Seda

            Después de siglos dormidos e inconscientes de la importancia que tiene en los hechos históricos el relato que de los mismos se hace con posterioridad, se nota en los últimos tiempos, -estamos hablando de muy pocos años, por desgracia-, una cierta toma de conciencia por parte de los españoles, -historiadores, intelectuales o simplemente interesados-, de los perjuicios que en ese relato ha producido y produce la tan traída pero no menos real “ Española”.

            El daño, en realidad, no debería ser tan grande. Es normal que toda potencia que opera con el predominio que lo hizo España entre los siglos XVI y XVIII completos tenga una leyenda negra. Al fin y al cabo, la creación de una contra el que ejerce la jefatura no es sino el primer mecanismo de defensa al que recurren todos aquéllos que no la poseen. Eso opera incluso al nivel de las más pequeñas comunidades humanas.

            Tiene, sin embargo, la Española, una característica especial tan perversa como inesperada, que se constituye en el verdadero hecho diferencial frente a cualquier otra leyenda negra. Es el mismo el grado de acogida, -¡qué digo de acogida, de auténtico entusiasmo!-, con el que es recibida por aquéllos a los que está llamada a perjudicar, en suma, a los propios españoles. Una acogida que tiene el pérfido efecto de mermar, de degradar, el grado de confianza de los españoles en sí mismos, no sólo a nivel nacional, sino incluso personal. Y que incluso se convierte en el alimento necesario e imprescindible para que la misma no pare de crecer y crecer, con nuevos engendros cada día, hasta conseguir el más completo desvirtuamiento del relato, convirtiéndolo en un auténtico disparate que nada tiene que ver con los auténticos hechos históricos acontecidos.

            En mi libro “Historia desconocida del Descubrimiento de América. En busca de la nueva Ruta de la Seda” me propongo, sin embargo, dar un nuevo paso en la dura labor de poner en su correcto valor, en su auténtica dimensión, los descubrimientos realizados por los españoles entre los siglos XV y XVIII, pues no se trata sólo ya, de desmontar, de desenmascarar, las mentiras burdas y groseras de la Leyenda Negra, sino de corregir también los errores de enfoque, las “minimalizaciones”, los menoscabos realizados en torno a esos tres siglos de descubrimientos por la historiografía oficial. Probablemente con menos mala fe, posiblemente con menos intencionalidad, pero de manera no menos eficaz, -sino incluso más-, y de forma no menos perjudicial para el relato de esa labor descubridora de España en la historia.

            Sólo a modo de ejemplo, reducir el proceso a un simple epígrafe de “Descubrimiento de América” es algo a todas luces injusto y desacertado. Y no porque no sea una descubrimiento, como también nos han intentado hacer creer, –que lo es “y mucho”-, sino porque no lo es “de América”, o mejor dicho aún y para que nos entendamos, “sólo de América”.

            El mal llamado, desde este punto de vista, “Descubrimiento de América” incluye por los menos cinco descubrimientos más, todos ellos de similar importancia, si no desde el punto de vista humano y demográfico, sí desde el punto de vista geográfico, náutico, comunicacional, filosófico y tantos otros, todos ellos constitutivos, igual que el de América, de la labor descubridora de los españoles entre los siglos XV y XVIII.

            Los españoles, -y a la cabeza de ellos, sus sucesivos reyes, los Reyes Católicos, Carlos I, Felipe II, y también, aunque en menor medida, sus sucesores-, tienen muy claro en todo momento que el objetivo trazado es el de llegar a las costas orientales de Asia navegando hacia occidente, mientras dejan la misión de conseguir lo mismo, pero navegando hacia oriente, a sus hermanos peninsulares portugueses. Y esa labor, esa misión, no se abandona, no se olvida, en ningún momento, ni aun cuando el descubrimiento de todo un nuevo continente podría haber parecido suficiente premio.

            Desde este punto de vista, la aparición de esa muralla infranqueable que es un continente que, como el americano, lo abarca todo de polo a polo, en la esfera terrestre, no es sino un “obstáculo”, -un hermoso obstáculo, sí, pero no otra cosa que un obstáculo-, en la titánica labor que los españoles se marcan desde un principio y no van a abandonar nunca hasta consumar completamente.

            Un objetivo que, podríamos decir, se tarda en alcanzar treinta años, aunque es más correcto, afirmar que todavía llevará otros cuarenta y cinco “culminar”, es decir, tres enteros cuartos de siglo en total. Y pocos fueron para lo quimérica que se presentaba la labor. Pero se culmina. Eso no lo debemos olvidar nunca, se culmina. Los navegantes, los conquistadores, los misioneros, los maestros españoles, por este orden, la culminan.

            No es el único desconocimiento, no es el único desenfoque, que incluye la historiografía oficial cuando de relatar lo ocurrido en esos tres siglos mágicos en los que la potencia que domina el mundo es España, se trata. Hay muchos más. Y para contribuir al final de tanta ignorancia, para reenfocar correctamente los hechos acontecidos, para reevaluarlos, para redimensionarlos en suma y darles el auténtico valor que tienen, he escrito “Historia desconocida del Descubrimiento de América. En busca de la Nueva Ruta de la Seda”.

            Y como siempre deseo a mis lectores cuando les dedico alguno de sus ejemplares, “esperando que la lectura de este libro le sirva para conocer mejor la hermosa aventura española en y lo que no es menos importante, en medio mundo”. Recalcando “medio mundo”. Porque eso, medio planeta, un 57 por ciento del mismo para ser exactos, es lo que descubrió España… y como parte de él, América.

Acerca de Luis Antequera

Escritor. Autor de seis libros publicados hasta la fecha. “Jesús en el Corán”, “El cristianismo develado”, “De Saulo a Paulo, el rabino que se cayó del caballo” o “Historia desconocida del Descubrimiento de América. En busca de la Nueva Ruta de la Seda”. Autor de más de 2.500 artículos en diversos medios de prensa. Director del programa “Esta no es una Semana Cualquiera” en Radio María. Ha dirigido también otros programas como “Iglesias perseguida” o “Con otros ojos”. Fundador de “El Club de la Tertulia. Tenor en el Coro Filarmonía y en el Coro Ecos. Escultor en vidrio.

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