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Retazos, un episodio del exilio republicano. Francia y la Organización Todt

Retazos, un episodio del exilio republicano. Francia y la Organización Todt
A quien desee tener una primera impresión del pulso de en vísperas de la hecatombe en la que se sumió en 1939, le recomiendo la lectura del a mi juicio mejor Chaves Nogales, el de La Agonía de Francia [Libros del Asteroide. Barcelona, 2010]; «Nunca una catástrofe nacional se ha producido en medio de una mayor inconsciencia colectiva.»… «Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera», había proclamado ya con anterioridad.
Pinceladas orteguianas marcan el tono de La agonía, cosa bien natural en quién con catorce años acompañaba en Sevilla a su padre, José, a la redacción de El Liberal. A mitad de la década de los 20, Chaves Nogales es redactor en ese diario y, a finales de la misma, uno de los firmantes de una carta-manifiesto en la que varios intelectuales transmiten a Ortega y Gasset su propósito de formar un grupo «de genérico y resuelto liberalismo».
Frases como «Porque la única verdad de la decadencia de las democracias radica en el hecho innegables de la rebelión de las masas…», o que «Hasta ahora no se ha descubierto una fórmula de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que el de una asamblea deliberante, ni hay otro régimen de selección mejor que el de la libre concurrencia. Es decir, el liberalismo, la democracia.», sirven de nítido ejemplo.
En otra de sus obras escritas en el exilio parisino, A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España [Austral, Madrid. 2ª Ed. 2011], quien deviniera por un tiempo «camarada director», promovido por el consejo obrero que desposeyó El Heraldo a sus propietarios atribuyéndose sus funciones, traza algunos de sus contornos.
En realidad «… la cosa mínima que pretendía sacar adelante… mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad…» «… Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España… los caldos de cultivo… nos los sirvieron de los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín… Después de tres siglos de barbecho la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales…». Bien sabía de qué hablaba: como corresponsal de su periódico había visitado Moscú y Roma; conocía pues las mimbres con las que se urdían bolchevismo y fascismo [ideologías tornadas enormes máquinas asesinas, con nazismo y estalinismo por nombre; 5 millones de muertos tan sólo con la Shoá, a manos de la primera; en El Imperio [Anagrama, Barcelona, 2007] Ryszard Kapuscinski relata que, entre 1918 y 1953, la cifra de muertos en la URSS, incluyendo las víctimas de las 2 grandes guerras, oscila entre lo 54 millones –la aporta un demógrafo, Serguéi Maksúdov–, y los 110,7 millones que entre 1918 y 1958 estima I. Kurgánov; muertes en los campos de trabajos forzados, cárceles y frentes de guerra].
Que amargamente afirmara en su exilo parisino «El resultado final de esta lucha no me interesa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. … puede salir indistintamente de uno u otro lado.», no resulta sorprendente.
Todo ese cuadro, que enmarcó una época que determinó las vidas de familiares de las que comentaré algún episodio, junto a algunas vivencias de la infancia, el deseo de conocer, y otros aconteceres que van transcurriendo, me llevan a escribir estas notas que siguen.»La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, rindió a la Nueve, el pasado 24 de agosto de 2014, 70 años después de la liberación de la capital por esta compañía de españoles alistados en las filas de Leclerc. Se trata de un episodio de la historia de olvidado, silenciado por mucho tiempo en cualquier caso, porque no se ajusta a la imagen que De Gaulle quería dar de la Liberación de la capital. Soldados españoles enrolados en el seno de las fuerzas de liberación francesas estuvieron entre los primeros que entraron en la ciudad en 24 de agosto 1944…», leía a principios de septiembre pasado.
Hace unos años visité las playas del desembarco. Dos entrañables septuagenarias, Mme. Mosseri, y su amiga, Mme. Errera, eran nuestra compañía en el Mémorial de Caen; una joven italiana, muy buena guía, completaba el grupo. Fue aquel el momento en el que conocí la existencia de la Organización Todt, encargada de ejecutar para los nazis las edificaciones del «muro atlántico»; baterías, búnkers, casamatas, etc., dan testimonio de ello en la costa atlántica francesa y, naturalmente, salpican las playas del «Día D».
Más tarde averigüé que la Todt construyó la base de submarinos de Bacalan, en Burdeos, una de las cinco levantadas en el litoral atlántico, y de inmediato recordé aquello –aunque él siempre se mostró remiso a contar al niño que yo era su historia de padecimientos–, que mi abuelo se había fugado cuando trabajaba forzado en esa obra. Así que he intentado reconstruir sus pasos. Algo he conseguido aunque no todo lo que hubiera querido; queden pues estas notas de trazo grueso.Mi abuelo Vicente Grau –el menor de cinco hermanos– trabajó en la década de los años 20 en los astilleros de «La Naval», en Sestao. Mi octogenario tío Ángel asegura que como ebanista en la construcción del mobiliario de la cabina del Comandante del bergantín–goleta «Juan Sebastián Elcano», el buque escuela de nuestra armada. Mi madre Isabel y mi tío Vicente, el mayor sus tres hijos, nacieron mediada la década «frente al muelle de Uribitarte»; Ángel lo haría más tarde en Sestao.
Desconozco qué le impulsó a volver cerca de su Graus natal, en 1933, pero al desencadenarse nuestra guerra civil –el más rotundo fracaso al que puede verse abocada la convivencia en el seno de una nación– era conserje en el Instituto de Barbastro, amén de ugetista convencido, a lo Julián Besteiro, que participaba en la vida del Ateneo local y se instruía a su modo con las lecturas que le sugerían amistosamente profesores próximos a la Institución Libre de Enseñanza.
Tras los primeros bombardeos sobre Barbastro el Instituto se traslada a San Esteban de Litera, de donde él parte rumbo a Francia, junto a tantos otros. En Bagnères de Bigorre recibe cobijo de un amigo de infancia que le envía a Burdeos para ser acogido en una familia de ascendencia riojana, como mi abuela Isabel, natural de Nájera.
En Burdeos es hospitalizado porque sus piernas ofrecen un estado lamentable, sumamente deterioradas a causa de golpes con tablones y maderas, tras su trabajo de carpintero, y a resultas de la penosa travesía pirenaica por Bielsa. Una vez fuera viaja a Barcelona, donde vive su hermana Amalia, para reincorporarse al frente. Testigo de lo que sucedía, surge en esa época su acérrima aversión a los comunistas «que lo hubieran fusilado, de haberlo cogido», me dice Ángel. En Febrero de 1939 vuelve de nuevo al exilio francés, esta vez por Le Perthus e irremediablemente: ya nunca volvería a España.El recibimiento francés a los vencidos no fue cordial; otra derrota añadida. «En Francia, país de asilo, convertido ahora en una inmensa cárcel, quedaban tras las alambradas de espino de los campos de concentración muchos miles de españoles que habían tenido fe en ella» [La Agonía… p.18]; eso era lo que se encontraban los fugitivos, su confinamiento en los campos de concentración construidos al efecto por la 3ª República en las proximidades de la frontera.
Los archivos departamentales del 66, Pyrénées Orientales, dan fe de que mi abuelo, con número de localización interna 3/357, fue recluido en el de Argèles sur Mer y «liberado» el 4 de diciembre de 1939, con 43 años, para ser enviado a la 128 Compagnie de Travailleurs Étrangers, con sede en Leyment [departamento 01, Ain, a unos 45km al NE de Lyon]. Puede decirse que la fortuna le sonrió; muchos otros, como sus sobrinos Teótimo y Antonio Sesa G., con los que coincidiría en Argèles, serían deportados para ir a morir a los campos de exterminio nazis; Mauthausen, Gusen… «La entrega la verdugo alemán de esos hombres que habían tenido fe en será una de las mayores vergüenzas de la historia» [Ibíd., p.12] En 1939 el gobierno de Édouard Daladier había creado las CTE –Compagnies de Travailleurs Étrangers– por « Décret du 12 avril », que imponía a los extranjeros asilados las obligaciones previstas para los franceses relativas a su reclutamiento y a la organización de la nación en tiempo de guerra. En tiempo de paz, a los varones de entre 20 y 48 años, les obligaba a prestar a las autoridades militares servicios de igual duración que la impuesta a los franceses.
En octubre de 1939, Daladier, ministro de la Defensa nacional y de la Guerra, además de presidente del Consejo, manifiesta la intención de constituir, « … avec une partie des Espagnols qui se trouvent encore dans les camps du Sud-Ouest, un certain nombre de compagnies d’ouvriers de renforcement appelées à être utilisées dans les établissements constructeurs et poudreries »

Tras la derrota y ocupación, el Gobierno de Vichy crea por Loi du 27 septembre 1940, relative à la situation des étrangers en surnombre dans l’économie nationale, los Groupements de Travailleurs Étrangers, GTE, instrumento para el sometimiento a trabajos forzados de los extranjeros de entre 18 y 55 años «excedentarios en la economía nacional» .Triste época para nuestros vecinos del norte, que acabaría con el desmoronamiento de la nación: su estado no fue capaz de salvaguardarla de la invasión bárbara.
Dentro de la debacle general, el episodio de los Campos no es sino una más de las abominables conductas del momento; aunque quizás sea poco conocido entre nosotros, me atrevo a asegurar que al día de hoy está bien estudiado; abundantes fuentes documentales en forma de libros, artículos, comunicaciones, tesis doctorales, etc. lo atestiguan. Uno de los destacados estudiosos del asunto, Peter Gaida, estima en 35.000 los republicanos españoles, encuadrados en las GTE, puestos a disposición de los ocupantes alemanes por las autoridades francesas.Desconozco las circunstancias de la estancia de mi abuelo en Leyment desde su ingreso hasta su «salto» a Burdeos, casi dos años, para trabajar en la construcción de esa base de Bacalan: comenzada en septiembre de 1941 tardaría 22 meses en construirse; su estructura sigue en pié.
Los Archives Départamentales del 01 dicen no disponer de ningún dossier sobre los GTE ubicados en su territorio y me remiten al Service Historique de la Defense, en el Château de Vincennes, pero en Vincennes se han destruido muchos documentos porque el lugar no reúne condiciones apropiadas, se asegura. Según el Bundesarchiv la documentación concerniente a la Todt se considera destruida en gran parte; en todo caso aquel establecimiento caía bajo responsabilidad francesa.
Gaida sostiene que alrededor de 3.000 españoles fueron entregados por el ministerio de Trabajo de Vichy a los chantiers en Burdeos de la Todt, que creó sus propios campos cerca de la base de submarinos, el « Lindemann » en primer lugar; en las barriadas de Bouscat, Blanquefort y Floirac, a continuación.
Los trabajadores, obligados cada día a ir y volver desde el campo de confinamiento al chantier, aprovechaban toda posibilidad de fuga. Una circular, la nº 1959 de 2 de febrero de 1942, da cuenta de una relación de 140 españoles fugados. En ella M. Merville, Chef de Division, en nombre del Prefecto de La Gironde, y «… conformement aux instructions des autorités occupantes», insta a varias autoridades y responsables policiales subordinados a «… bien faire activement rechercher les ressortis espagnols, dont ci-joint la liste, qui se sont enfuis des Camps de l’organisation Todt. En cas de découverte, les interéssés devront être conduits au camp de Mérignac–Beaudésert.»La fuga en grupo de mi abuelo, cuyas circunstancias me son también desconocidas, tuvo lugar gracias a la ayuda de ferroviarios–resistentes y entre las mercancías de un vagón en cuyo suelo se había practicado una trampilla de acceso. Ferroviarios de Montauban avisados, detuvieron el tren poniendo en rojo un semáforo en las proximidades de la estación, momento que los fugitivos aprovecharon para escurrirse y tumbarse entre los raíles. Alejado el tren y ya fuera de peligro, los recogieron unos paysans cómplices que les alojarían en sus explotaciones.
Las fermes eran refugios seguros: los ocupantes no molestaban en exceso a sus proveedores de provisiones y alimentos, y los «trabajadores agrícolas» disfrutaban por ello de un relativo sosiego. Mi abuelo acabó en una en la que vivía una sobrina, en Charros; allí estuvo hasta el final de la guerra, me dice Ángel.
Los archivos departamentales del 82, Tarn et Garonne, me proporcionan copia de su fiche d’étranger. Leo en ella:Nationalité: «Espagnole EF. le 7–2–1939 par Le Perthus»Venant de: «533e G. Réalville détaché»Titulaire de : « Fiche de TE (1182 W 24), detaché chez… Bonnaffous comme menuisier. Bd Alsace Lorraine»Arrivé á Montauban le: «11. 9. 42»
Tras su fuga, pues, fue detenido y confinado en un GTE una vez más. Supongo que esa fecha de septiembre del 42 es la de su salida de Réalville, a unos 15km al NE de Montauban.
«Vicente G. faisait parti du 533ème groupe de travailleurs étrangers dont le siège administratif était basé à Réalville, là encore nous ne savons pas depuis quand il y était» me indican. De nuevo, y lamentablemente, los archivos no aportan la información deseada. He de confiar en que realmente no se disponga de ella, aunque lo haga con enorme recelo.Inesperadamente, mis abuelos se reencuentran en 1948.
Se conocieron en Bilbao, donde mi abuela trabajaba de sirvienta, y se casaron en Nájera en 1924. Cuando mi abuelo parte a Barbastro, mi abuela espera en Sestao a que finalice el curso de los dos hijos mayores para viajar; transcurría 1933. En Barbastro debió ayudar en el Hotel Europa regentado por su cuñado Antonio, que proseguía el negocio familiar: mis bisabuelos regentaron la fonda (¿Fonda «Peralta»?) situada en la plaza de Graus.
Tras la huída de mi abuelo, y tras no pocas vicisitudes, mi abuela busca cobijo en Logroño, en casa de una hermana casada, y entra al servicio de Basilio Gurrea, odontólogo e hijo de quien fuera alcalde de la ciudad –por Derecha Liberal Republicana– y víctima de los fusilamientos sobrevenidos al 18 de julio. Mi madre entraría de doncella en casa de los «Garrigosa»; Ana Mª Garrigosa, esposa de Basilio, pertenecía a esa familia de comerciantes de telas asentada en Logroño.
[Luis Carandell cuenta que José Escrivá Corzán entró en 1915 como dependiente de «La ciudad de Londres». Antonio Garrigosa Borrell acogió al barbastrino, cuyo comercio de tejidos había sufrido serios reveses. Vida y milagros de Monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Barcelona. Ed. Laia, 1975. Parece ser, por el contrario, que los Garrigosa no hicieron nada en favor de su consuegro, quien por otra parte tenía cierta amistad con Mola.] Supongo que los Gurrea hacen las gestiones que dan a conocer a mi abuela que su marido vive en Montauban; según Ángel a través de una carta enviada desde Londres por un «servicio de refugiados y apátridas», pero nada he conseguido averiguar de este «servicio» ni al respecto [en aquella época operaban en pro de los refugiados republicanos varias entidades, como el SERE, Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles y la JARE, Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles, promovidos por republicanos españoles, o el National Joint Committee for Spanish Relief, presidido por la duquesa de Atholl, y el CIR, Comité Intergubernamental para los Refugiados, con sede en Londres, amén de la Cruz Roja internacional et al.].
Sé por Ángel que mi abuela cruza el puente de Hendaya acompañada por el Cónsul británico en San Sebastian, no sé en que fecha, para reencontrarse por vez primera con mi abuelo. Únicamente he podido conocer de este episodio, muy recientemente, que el titular de ese consulado era Mr. William Arthur Harold Goodman, y que el vice-cónsul, Mr. Ernest Golding, era quien ejercía sus funciones durante sus ausencias; en 1947–48 ambos permanecían en San Sebastián. El consulado se cerró en 1952*.
* Agradezco a Mr. William Chislett su inestimable ayuda, gracias a la cual cayó la barrera de silencio que otrora hallara en los servicios diplomáticos del UK en Madrid y Bilbao. Él ha hecho posible que pueda disponer de esos datos.[Ex corresponsal de The Times de Londres en Madrid y luego del Financial Times en México, W. Chislett colabora habitualmente con el Real Instituto Elcano y el periódico digital El Imparcial].
En 1948 mis abuelos pudieron reencontrase definitivamente. Mi abuela llevó consigo a mis tíos; mi madre permanecería en Logroño: se había casado un año antes y ya tenía para entonces a mi hermana, la mayor de los tres. Mi abuelo conservaría su empleo de menuisier chez Bonnaffous, una empresa de construcción, hasta la retraite al cumplir 65 años.Hoy Paris homenajea merecidamente a los de la Nueve, pero Fernande Mosseri, al identificar en alguna foto a los miembros de los gobiernos de la 3ª república –Daladier, Reynaud,… – y de Vichy, –Pétain, Laval,… –, tenía parte de razón al comentar: «Nosotros, los franceses, no tenemos motivos para sentirnos orgullosos de nuestra historia reciente».
La entrañable septuagenaria no lo pudo evitar: «Monsieur, je connais bien mon histoire», añadió.
Mi abuelo Vicente, al que tanto le debo, pudo al fin reconstruir con los suyos una vida digna, libre, –sin libertad la de la persona está mancillada–, en la resurgida tras el desembarco y la derrota de uno de los totalitarismos más abyectos del pasado siglo. Cara y cruz de su periplo.

Hasta finales de los 60 conocieron, y yo con ellos durante algunos veranos, una amable de la que ya sólo queda el recuerdo. En Montauban vivió el resto de sus días hasta 1981. Allí recibió sepultura, como D. Manuel Azaña, quien fuera presidente –de infausto recuerdo– de la 2ª República Española.
Podría acabar el relato parafraseando justamente a la entrañable Fernande Mosseri, inmejorable compañía en aquella inolvidable visita; evitaré caer en tal obviedad.
Además quiero conocer mi historia mejor aún, aunque conozca la dificultad de la empresa. Hay muchas lagunas documentales, como si hubiera habido cierto propósito de ignorar. O de ocultar…
PS.1. Tras conocer estas líneas, mi tío Ángel me dice que no fue la NUEVE la primera en entrar en Paris, sino los blindados, de nombre «Teruel», «Guadarrama» y «Ebro» conducidos por españoles, de la 2ª DB –división blindada– de Léclerc. Luego la muchedumbre invadió la calle, ocultando los restantes nombres; lo muestran las imágenes tomadas. También que en Nancy elevaron un mausoleo en memoria de los españoles que murieron por Francia. De Gaulle, en 1947, lo hizo destruir. «Puedo confirmarlo por haberlo visto varias veces en el cine» [en documentales de la época ofrecidos al modo del NoDo en España].
Una cosa es «la grandeur» y otra muy diferente es «ser grande», por supuesto.
PS.2. Hoy, 19 de Noviembre de 2014, justamente cuando estoy a punto de concluir estas líneas, recibo una carta del Service Historique de la Defense, del Château de Vincennes; una Fiche Matriculaire de las Forces Françaises Libres en la que aparecen manuscritas tres palabras: «Marine», en el encabezamiento; «Grau», en la 1ª línea a completar -apartado NOM-; «Vincent», en la 2ª, apartado Prénoms.
C’est fini!

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